Todos los sueños deben cesar

Actividad y descanso derivan de la ilusión;
en la iluminación no hay agrado ni desagrado.
Todas las dualidades proceden de ignorantes deducciones.
Son como sueños o flores en el aire:
es estúpido intentar atraparlas.
Ganancia o pérdida, correcto o incorrecto:
tales pensamientos tienen que ser finalmente
abolidos de una vez por todas.
Si el ojo nunca duerme,
todos los sueños cesarán naturalmente.
Si la mente no hace discriminaciones,
las diez mil cosas
son como son: de la misma esencia.
Entender el misterio de la única esencia
es liberarse de todos los enredos.
Cuando todas las cosas se ven por igual,
se alcanza la esencia intemporal del Ser.
Ninguna comparación o analogía es posible
en este estado sin causas ni relaciones.


La mente origina todos los sueños, a través de ella no ves la realidad

La mente tiene sólo una capacidad: la de soñar. Y este soñar continúa incluso cuando estás despierto. Y como estás soñando las 24 horas del día, la realidad es que te hallas profundamente dormido. Mientras estás ocupado con algo, para todos los propósitos externos, pareces estar despierto, pero en lo profundo una corriente de sueños fluye constantemente… El soñar es tu continuidad. Y a no ser que se rompa esta continuidad no podrás saber qué es la verdad, porque tus sueños se impondrán sobre lo que sea que aparezca ante ti, se proyectarán en ello, tú lo interpretarás. No serás capaz de verlo tal como es, lo falsificarás.

Shankara dividió la realidad en tres categorías. La primera es la de la verdad: lo que es. La segunda, la de lo que no es verdad, lo que no tiene posibilidad de ser, pues para ser se necesita la verdad. Y a la tercera la denomina soñar: apariencia, ilusión, maya… lo que aparenta ser, pero no es. Si la mente no se encuentra soñando sólo hay una categoría: la verdad. Pero si tu mente está soñando aparecen las otras dos.

El sueño es, en cierto sentido, pues tú lo sueñas. Y no es en un sentido diferente, porque no se corresponde con la realidad. Sueñas por la noche que te has convertido en un rey y por la mañana descubres que sólo eres el mismo mendigo de siempre. El sueño era falso, pero era, así que tiene una cualidad verdadera en él, o de otra forma habría cesado inmediatamente… Si te vuelves consciente de que estás soñando, el sueño se rompe, ya estás despierto.

La verdad es, lo falso no es. Y entre ambos hay un mundo de sueños que conlleva la cualidad de ambos. La mente es el origen del soñar, de todo maya.

Puedes creer que si dejas el mundo y te vas a los Himalayas alcanzarás la verdad. Te equivocas, porque tu casa no es maya, tu mujer no es maya, tus hijos no son maya; no. Tu mente es maya. ¿Cómo vas a dejar aquí tu mente e irte a los Himalayas? La mente está dentro de ti. Si puedes dejarla, puedes dejarla en cualquier lugar. Si no puedes dejarla, no puedes dejarla vayas a dónde vayas.

A la mujer, a los hijos, a la casa, al mundo, se le llama maya, ilusión, en un sentido secundario; porque la mujer existe, ella tiene un ser. Ella es Brahma en sí misma, ella es la verdad; no como esposa sino como alma. Tu mente la interpreta como esposa: “Ella es mi esposa”. Entonces se crea un sueño. Ella está ahí, ¡absolutamente cierto! Tú estás aquí, ¡absolutamente cierto! Y entre ambos ocurre un sueño. Tú la llamas tu esposa y ella te llama su marido… Sin embargo, la ilusión es algo temporal y, tarde o temprano, tiene que desaparecer.

Amas a una mujer y se crea un sueño. Pero ¿cuánto puede durar un sueño?... Antes o después, cesará. Entonces fingirás que todavía la amas. Y cuando finges, el sueño se ha roto, pero todavía continúas con el sueño y este se vuelve una carga muy pesada. Por eso vives con tanto sufrimiento. El sufrimiento no es otra cosa que sueños rotos… Y en vez de ver la verdad, echarás la culpa al otro. Dirás: “Esta mujer me ha engañado, no me mostró su verdadera realidad”. Y no te darás cuenta de que esa no es en absoluto la cuestión. Tú fuiste quien creó un sueño en torno a ella y, debido a ese sueño, no pudiste ver la realidad. Ella también estaba creando un sueño en torno a ti.

Así que siempre que dos personas se enamoran no hay dos personas, sino cuatro: el amante, el amado, el amado creado por la mente del amante y el amante creado por la mente del amado. Estos dos últimos son sueños y van cambiando. Tarde o temprano, cuando el sueño se rompa, seréis dos, no cuatro. Y siempre que seáis dos habrá dificultades. Entonces te gustaría volcar la responsabilidad en el otro: “Es por el otro”. Y de nuevo vuelves a no darte cuenta de la cuestión. Esto quiere decir que crearás el mismo sueño en torno a otra mujer, porque pensarás: “Esta mujer no me va a engañar y, además, ahora soy más listo”. Pero la mente nunca es lista…

La sabiduría llega únicamente cuando el soñar desaparece. Sólo entonces ves las cosas tal como son. La infelicidad ha sido causada por tus sueños y has de tomar consciencia de este fenómeno. No vuelques la responsabilidad en el otro, de ser así crearás otros sueños. Date cuenta de que quien proyecta eres tú. Tu mente está detrás de todo esto, la mente es el proyector. Pero tú siempre miras al otro porque el otro es la pantalla… En este momento estás amando y al siguiente estás odiando; a la misma persona, a la misma pantalla. Simplemente observa y serás capaz de ver que la otra persona no es la cuestión sino que tú estás proyectando algo. No puedes ver la realidad a través de los ojos de la mente.

Empieza a ver las cosas sin la mente: despierto, en el aquí y ahora

Si realmente quieres llegar a conocer la verdad, empieza a ver las cosas sin la mente. Cuando mires a una flor, no permitas que la mente diga nada. Tan sólo mírala. Será difícil debido a tu viejo hábito de interpretar. Puedes reírte de la estupidez de los demás, pero hasta que no empieces a reírte de la tuya propia no serás capaz de convertirte en un hombre de Tao.

¿Qué hay que hacer? Inténtalo con pequeñas cosas: no hagas intervenir la mente respecto a ellas. Cuando mires a una flor, simplemente mira. No digas “¡qué hermosa!” o “¡qué horrible!”. ¡No digas nada, no pongas palabras! Sencillamente mira. La mente se sentirá incómoda, intranquila. La mente quisiera decir algo. Simplemente dile a la mente: “¡Estate en silencio. Déjame ver. Sólo voy a mirar!”. Al principio será difícil, pero comienza con cosas en las cuales no estés muy involucrado, que sean neutras: una roca, una flor, un árbol, la salida del Sol, un pájaro volando, una nube flotando en el cielo. Y sólo cuando lo hayas conseguido, muévete hacia situaciones cargadas emocionalmente. Poco a poco irás dejando de lado a la mente, vaciándote de sueños, llenándote de verdad.

Y si dejas de soñar cuando estás despierto, igualmente dejarás de soñar mientras duermes, porque solamente puede existir como círculo continuo. Si el círculo se rompe por alguna parte, poco a poco, todo el edificio se desmoronará. Si durante el día puedes mirar las cosas sin soñar, durante la noche tendrás cada vez menos sueños. Cuando estás despierto… Buda y Jesús decían constantemente: “¡Estad despiertos!”. Lo que querían decir es: “¡No soñéis, simplemente estad presentes aquí! ¡No os vayáis a ningún otro sitio!”. Si os vais al pasado, soñáis; si os vais al futuro, a la imaginación, soñáis. Estad aquí y ahora; sólo entonces no estaréis soñando.

Te agrada lo que fortalece tu ego

“Actividad y descanso derivan de la ilusión; en la iluminación no hay agrado ni desagrado”… ¿Por qué  ti te agradan ciertas cosas y te desagradan otras? ¿Cómo ocurre esta división?, ¿por qué te gusta esta persona y esta otra no? Y de repente un día esta no te gusta y te ha empezado a gustar la otra. ¿Cuál es el mecanismo? Elemental: te gusta una persona si te permite fortalecer tu ego; si se convierte en una pantalla y te ayuda a soñar. Te gusta una persona si se ajusta a tu sueño. Por el contrario, si una persona no se ajusta a tu sueño, si no te permite soñar, te desagrada, te molesta. No encaja, no te hace de pantalla; no es pasiva, es activa, por eso te desagrada. Quieres que sea una pantalla pasiva, para que coopere con lo que sueñes, sea lo que sea. En caso contrario, sientes que esa persona es de algún modo tu enemigo, que te está destruyendo.

Este es el criterio para saber si un Maestro es verdadero: no fortalecerá tu ego y parecerá tu enemigo, porque destruirá tus sueños. En cambio, uno falso te ayudará siempre a soñar, te cantará para que puedas dormir bien. El verdadero destruirá tus sueños. Pero los sueños están muy cerca del corazón y si alguien los destruyes, sientes que te están destruyendo a ti. Sin embargo, tendrás que morir porque, a no ser que mueras, no podrás renacer. Cuando se rompen los sueños, la verdad llega a la existencia, se manifiesta.

A ti te gusta alguien cuando ayuda a tu ego. Y si alguien lo alimenta, tú estás dispuesto a agrandar su ego a cambio. Es un acuerdo mutuo. Y este acuerdo se rompe en el momento en que alguien va a lo suyo o que algo no encaja, cuando esa persona es inflexible, empieza a dominar, a poseer, a herir tu ego... Y eso va a suceder porque el que tu ego se engrandezca no es la causa de que gustes a esa persona; le gustas porque el suyo, su propio ego, se engrandece. Tú le gustas porque engrandeces su ego y a ti te gusta porque engrandece el tuyo. Vuestros propósitos son no sólo diferentes, sino opuestos. Y un acuerdo de ese tipo no puede ser eterno, pues únicamente uno puede ser el dominador y ambos tratáis de serlo. Al principio seréis muy cariñosos porque el terreno es desconocido. Pero poco a poco, a medida que las cosas vayan asentándose, os volveréis más y más inflexibles, posesivos, agresivos con el otro. Y empezaréis a dejaros de gustar. Tú odias a quien de alguna manera trata de derrocar tu superioridad; y amas a quien te hace sentir superior.

El ego sufre continuamente complejo de inferioridad. Por eso a un hombre le gustaría amar a esta mujer, y a otra, y a otra… a miles de mujeres. Porque, aunque sólo sea al principio, la mujer siempre coopera. Y esta es una estrategia femenina: la mujer coopera sólo al principio. En cuanto siente que ya no te puedes escapar, empieza a dominarte. Te gustaría conquistar muchas mujeres, pero sólo en el comienzo. Fíjate, todos los amores son maravillosos sólo al principio. Es muy difícil, muy raro, encontrar un amor hermoso al final. Y si puedes encontrar algo así, es que en esa relación hay amor verdadero. Lo importante es el final, pues al principio todos los amores son hermosos.

Y dejando a un lado las personas, ¿por qué te gusta algo? Debido a que hasta las cosas refuerzan tu ego. Si tu vecino se compra un coche más grande, tú también tienes que comprarte otro más grande. Puede que sea más problemático y costoso, quizá ni te lo puedas permitir, pero tú también tienes que comprarte otro. ¿Por qué te gusta? Todos tus gustos proceden del ego: un coche más grande te da prestigio… Cuando algo te da prestigio, te gusta: un coche, una casa, el mobiliario, la ropa... Te sientes poderoso. También a veces llamas a la puerta de Dios pidiendo poder; pero esa puerta es sólo para aquellos que se han hecho absolutamente conscientes de que el poder, la búsqueda de poder, es una tontería, una locura.

Aceptas y rechazas según el ego. Y el ego nunca está a gusto consigo mismo; es una constante molestia, porque el ego tiene que mirar todo el tiempo a su alrededor… Hay millones de personas y tú estás en competencia con todo el mundo: nunca llegará el momento en el que te sientas contento y en paz. Puedes poseer el mundo entero, pero un mendigo puede cantar mejor que tú. No puedes tenerlo todo. Lo que sea que poseas no te satisfará. La mente, el ego, se sentirá siempre insatisfecho.

Cuando no hay ego no hay cuestión de agrado o desagrado. Donde sea que la naturaleza te lleve, fluyes. Flotas en el Río de la Vida y no eliges desde la mente. Vas donde el río te lleve, sin preferencias, sin destino. Te mueves simplemente porque toda la Naturaleza se mueve en esa dirección. La elección permanece en el todo; el agrado y el desagrado permanecen en la totalidad, no son de tu incumbencia. Estás despreocupado y donde sea que llegues es la meta. No hay una meta predeterminada. El “yo quiero” ya no es el factor decisivo. Eres, simplemente, como una nube.

Si le prestas más atención a una persona sólo quiere decir que la atención se mueve de esa manera… Esa persona debe estar más necesitada, quizás más vacía y atrae más atención. Es como si cavas un agujero en la tierra: el hoyo atraerá agua hacia él. Si esa persona es más meditativa, Buda le concederá más atención; pero recuerda, él no lo está haciendo: ha sido atraído. Es un fenómeno natural; no es su elección o su gusto… Un hombre del Tao, un iluminado, simplemente fluye como una nube, flota en el Río de la Vida. No tiene preferencias ni aversiones, porque todo eso pertenece a la mente soñadora, al ego soñador.

De una vez por todas

“Todas las dualidades proceden de ignorantes deducciones. Son como sueños o flores en el aire: es estúpido intentar atraparlas. Ganancia o pérdida, correcto o incorrecto: tales pensamientos tienen que ser finalmente abolidos de una vez por todas”. Hay que subrayar esta expresión: “De una vez por todas”. Deja que penetre profundamente en ti, porque hay dos formas de hacer las cosas: gradualmente, o de una vez. Si las haces gradualmente no serás capaz de hacerlas, porque persistirán. ¿Por qué gradualmente?, ¿por qué no de una vez? Si has entendido, ¿por qué darse tiempo? Y si no has entendido, ¿cómo lo vas a hacer gradualmente? Y mientras tanto eso que sea se arraigará más. Como mucho, puedes modificarlo de formas muy sutiles; pero estará ahí. Puede que hasta empiece a convertirse justo en su opuesto, pero estará ahí. Quizás nadie sea capaz de notarlo, pero tú serás consciente de que está ahí…

No, el entendimiento es siempre de una vez: entiendes o no entiendes. Si no entiendes, ¿cómo vas a abandonar nada?; y si entiendes, ¿por qué gradualmente? Si entiendes, ahora mismo lo abandonas; si no entiendes, pospones… El truco es: “Lo haré mañana”. Observa: cuando te enfadas, inmediatamente actúas… ¿Por qué no haces lo mismo en lo que afecta a tu vida? Porque sabes que si pospones las cosas no llegarán a hacerse. Y realmente tienes miedo a hacerlas y te auto-engañas con el “lo haré mañana”… ¡No pospongas! Si no estás convencido, di: “No lo tengo claro, así que lo voy a mantener”. Al menos serás honesto contigo mismo y no te engañarás.

El conocimiento es transformación. Si realmente supieras, harías inmediatamente, lo abandonarías de una vez... Pero tú eres muy astuto. Crees que sabes, pero no sabes. Quieres creer que sabes y que, poco a poco, estás intentando cambiarte a ti mismo. La transformación nunca es gradual, siempre es de una vez… Nadie cambia en el futuro (el futuro es una droga, la de mayor adicción de la Humanidad, con la que la gente se auto-engaña para no hacer aquí y ahora lo que en su interior se mueve); la transformación es siempre aquí-ahora. No hay ningún otro momento.

El tercer ojo: el testigo interno

“Si el ojo nunca duerme, todos los sueños cesarán naturalmente. Si la mente no hace discriminaciones, las diez mil cosas son como son: de la misma esencia”… ¡El ojo, no los ojos!... Se trata del “tercer ojo”.

Hasta cuando tu cuerpo duerme, algo en ti se mantiene despierto. Puede que no tengas claro que es, pero un punto, en algún lugar de ti, sigue siendo un testigo. Por eso a la mañana siguiente puedes decir “esta noche he dormido estupendamente” o “he pasado una noche fatal”. ¿Quién lo sabe? Alguien observa constantemente. Es el tercer ojo que siempre está abierto, ni siquiera pestañea. La denominación es simbólica: el tercer ojo indica que en ti hay una visión eterna, una vigilancia eterna, un testigo eterno que nunca duerme, nunca sueña, puede ver la verdad.

Haya dentro de ti ese lugar que nunca duerme. La verdad no es algo que esté en el exterior. La cuestión radica en encontrar o en cómo buscar dentro de ti ese lugar que nunca esta inconsciente y siempre está despierto, alerta, consciente. Y una vez que lo encuentras, siguiéndolo puedes viajar hasta su mismo origen. Y ese origen es Dios. Sólo tienes que viajar esa distancia; eso se convierte en tu camino.

Encontrando al testigo interno, has encontrado el camino. Entonces, cada vez más y más, conviértete en esa consciencia; deja que toda tu energía entre en esa consciencia. Y cuanto más consciente te vas haciendo, menos sueñas... Y llega un momento en el que, de repente, tú eres solamente el testigo y la mente ha desaparecido. Toda la energía de la mente se ha disuelto en el tercer ojo. Ahora eres sólo un testigo. Ese ser que atestigua es el lugar desde donde el mundo desaparece y lo Divino se revela.

El tercer ojo es el testigo. Él es uno. Si quieres ser uno en tu interior, busca el punto de la consciencia que observa. Al caminar, observa; al comer, observa; al irte a dormir, duérmete observando lo que ocurre. Tarde o temprano, un día, de improviso, te darás cuenta de que el cuerpo se ha dormido, pero tú todavía estás observando. Entonces verás cómo los sueños de la mente se caen por sí solos, desaparecen. Estás todavía observando y, de repente, estás iluminado. Desaparecen los sueños y con ellos todas las ilusiones (maya). Y ves que todo forma parte de la esencia única. Los árboles pueden ser diferentes en la forma, pero lo que no tiene forma en su interior es el uno. La roca es una con el árbol; el árbol es uno con la estrella; y la estrella es una contigo. Todo está unido.

Al estar dividido en tu interior, las cosas parecen ser múltiples. Es igual que cuando rompes un espejo: se parte en muchos fragmentos y en cada uno se refleja tu cara. Tú estás ahí, eres uno, pero ves muchas caras. Al estar dividido, todo queda dividido y te asustas, ves enemigos por todas partes, empiezas a luchar, te pones agresivo e intentas defenderte innecesariamente… Vives en sufrimiento, mueres en sufrimiento. Hazte uno en tu interior y de repente todo se vuelve uno en lo exterior. El Universo es como tú eres; si tú estás dividido, el Universo está dividido; si tó no estás dividido, el Universo no está dividido.

No hay causa para lo supremo

“Entender el misterio de la única esencia es liberarse de todos los enredos. Cuando todas las cosas se ven por igual, Cuando todas las cosas se ven por igual, se alcanza la esencia intemporal del Ser. Ninguna comparación o analogía es posible en este estado sin causas ni relaciones”. Por eso no se puede decir nada acerca de esta suprema iluminación; porque es una y las palabras son para la dualidad. Puedes decir algo, pero lo que sea que digas no será correcto porque estará en un nivel diferente, en una dimensión distinta.

Es imposible decirte nada acerca de la única esencia. Lo que sea que se diga será mal entendido, mal interpretado… a no ser que crezcas. Ese es el problema… La gente se acerca a los Maestros planteando sus interrogantes. Sus preguntas son relevantes, pero no las pueden contestar porque la respuesta sólo es posible cuando los que preguntan crezcan… Hay respuestas que sólo te pueden ser dadas cuando crezcas. Pero cuando creces no hay necesidad de contestarlas, simplemente las entiendes… Creéis que vuestra pregunta es correcta y que hay que darle una respuesta… No se te puede decir nada de la verdad y todo lo que se dice es siempre aproximado. Y no existe cosa tal como la verdad aproximada: o es verdad o no es verdad. Por eso, lo que sea que se diga no tendrá sentido. Cuando sepas te reirás. Pero no hay otra forma, no se puede hacer otra cosa. Así que lo que dicen no es muy importante, es sólo para atraerte hacia un crecimiento. Si te interesas y empiezas a crecer y a moverte en una dimensión acerca de la que no sabes nada, han dado en el clavo.

No hay causa para lo supremo. Lo supremo es el todo y no está relacionado. Está solo. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué decir? Si algo está relacionado, se puede decir algo acerca de ello; si algo tiene causa, se puede decir algo acerca de ello, porque participan al menos dos. El lenguaje es posible si hay dos. Si sólo hay uno, el lenguaje se vuelve absolutamente absurdo.

No te preocupes por las filosofías, no entres en argumentaciones de un tipo u otro. Hay millones de argumentos y cada argumento se convierte en un enredo; cada filosofía, en una nueva prisión. Simplemente una cosa: encuentra en tu interior algo que no tenga causa, que sea uno. Y una vez que halles en tu interior un pequeño vislumbre de ello, has encontrado el sendero. Ahora ya no necesitas hacer nada… La meta te atrae como la gravedad, eres atraído hacia ella como si fuera un imán. El centro te atraerá sin necesidad de ningún esfuerzo. Sólo tienes que hacer una cosa: entrar en ello.

El único esfuerzo es cómo ponerte en contacto con tu propia energía vital. Ese contacto se ha perdido. Estás muy cerca, pero hay una distancia. Un pequeño giro, una mirada atrás y las cosas empiezan a cambiar. Y cuando ocurra te reirás: “¿Por qué parecía tan difícil cuando es tan fácil?”. Pero si no ocurre parece difícil. Y puede ocurrir ahora mismo, de una vez, inmediatamente. Intenta encontrar en tu interior algo que no tenga causa, que permanezca inmutable. ¿Cómo puedes hacerlo?

Te levantas por la mañana y todo va cambiando: muchos estados de ánimo distintos se suceden a lo largo del día y por la noche te vas a dormir. Por el día piensas y por la noche sueñas: todo continúa como un flujo. Encuentra algo en este flujo que permanezca igual: eso es atestiguar… Por la noche observas los sueños: los sueños cambian, pero el testigo, el atestiguar, permanece igual. Por el día observas los estados de ánimo: cambian, pero el atestiguar sigue igual. Si estás sano, atestiguas la salud; si estás enfermo, atestiguas la enfermedad. Una cosa permanece siempre igual, el atestiguar. Y todo lo demás tiene una causa, mientras que el atestiguar no tiene causa. No te preocupes por las cosas que tienen una causa, pertenecen al mundo de las ilusiones. Estás en busca de lo que no tiene causa. Descubrirás que el atestiguar es lo único que no tiene causa; nadie lo causa.

Un Maestro sólo puede mostrarte el camino. No puede causar ninguna transformación, porque todo consiste en buscar lo que no tiene causa. Nadie puede causarlo. Solamente puede mostrarte el sendero; tú eres quien tiene que andarlo. Si un buda pudiera transformarte, esa transformación también sería parte del mundo ilusorio, porque de nuevo tú tendrías una causa.

Sólo observa: la alegría, la tristeza, el placer, el dolor..., vienen y van a tu alrededor. Y el atestiguar permanece como el mismísimo centro, sin causa, inmutable, uno. Encuentra eso dentro de ti y todo se vuelve claro. Cuando estás claro en tu interior, todo es transparente. La verdad está por todas partes, solamente tienes que volverte uno.


Fuente: Extracto del capítulo 7 de “El Libro de la Nada”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.