Parte 1A ¿Quién Somos Realmente?.mov

10 principios esenciales del despertar por Jeff Foster


  1. NO HAY NINGÚN DESTINO, SÓLO EL MOMENTO PRESENTE
Sólo hay ESTO; la presente escena de la película de tu vida. Sal de la historia épica del tiempo y el espacio, del pasado y el futuro, de la culpa y la anticipación, y de la búsqueda de los diferentes estados y experiencias; relaja el foco habitual que has puesto en ‘lo que se ha ido’, ‘en lo que aún no llega’ – cosas que no puedes controlar desde donde estás. Sal de la historia de ‘Mi Vida’ y date la oportunidad de sentirte fascinado por lo que está vivo, aquí, en este momento. Siéntete curioso por esta emocionante danza de pensamientos, sensaciones, sentimientos e impulsos que están ocurriendo justo en donde estás. Recuerda, el Ahora es el único lugar desde donde las verdaderas respuestas pueden surgir. El momento presente es tu verdadero hogar, anterior al tiempo y al espacio.
  1. EL PENSAR GENERA SUFRIMIENTO
camino
El dolor no es el problema, el problema es lo que pensamos acerca del dolor; nuestra resistencia a la incomodidad, nuestro intento de escapar. El verdadero problema empieza cuando comenzamos a rumiar nuestro dolor, nuestra tristeza, nuestros miedos, nuestra ira; cuando nos inquietamos con nuestras molestias, ¡retrasando y adelantando la película! Cuando le damos vueltas en la cabeza a las tristezas de ayer y mañana, en lugar de explorar y experimentar directamente los momentos difíciles de hoy conforme van apareciendo. Añadimos una capa innecesaria de pensamiento y resistencia a la vida, y esto genera sufrimiento. ¿La invitación? Sal del pasado y el futuro, de la búsqueda y la lucha, y reúnete con la vida en el crudo e inmediato ahora, sin juicios y sin esperar que la ‘paz’, la ‘relajación’, la ‘iluminación’ o cualquier tipo de cambio llegue. Únete al momento bajo sus propios términos; velo como un regalo. Déjate tocar por lo agradable y lo desagradable, por lo placentero y lo doloroso, sin una agenda.

  1. NI LOS PENSAMIENTOS NI LAS SENSACIONES SON PERSONALES
Ve los pensamientos y sensaciones como eventos neutrales e impersonales que surgen en la consciencia. Al igual que los sonidos que escuchamos, los pensamientos y sensaciones físicas surgen y desaparecen en forma espontánea, como olas en el océano que Eres. De nada de eso te puedes escapar, tampoco puedes controlarlo o eliminarlo. Esa misma actitud amorosa que tienes para con los sonidos, cultívala para con los pensamientos y sensaciones. Recíbelos con la misma actitud de amabilidad y curiosidad. Velos como si fueran tus propios invitados a tu presencia.
  1. TÚ ERES EL ESPACIO QUE ACOGE A LOS PENSAMIENTOS
Los pensamientos no son tú, y no son la realidad; son sólo sugerencias, posibilidades, rumores, propaganda, juicios, voces, imágenes, recuerdos o proyecciones futuras – nubes en el vasto cielo que Eres. No intentes aquietarlos, silenciarlos o detenerlos, no trates de deshacerte de ellos, ni eliminarlos o controlarlos. Sé el espacio para ellos, ¡incluso si están demasiado activos en este momento! Recuerda, si notas los pensamientos, si te haces plenamente consciente de su movimiento, no te verás atrapado en ellos. Ellos no te definen. Tú eres el imperturbable contenedor, no el contenido. Sé lo que eres – el inmutable abrazo para cada pensamiento.
  1. RESPIRA EN EL MALESTAR Y EL DOLOR
Respira en el corazón de las sensaciones de malestar; dales dignidad. Hónralas, en lugar de cerrarte a ellas y matarlas de hambre y frío. En una inhalación imagina o siente tu aliento moviéndose a través de las partes involucradas e imbúyelas con vida y amor. Llena esa región que se siente incómoda en tu cuerpo con oxígeno, amor y dignidad. No trates de ‘curar’ las sensaciones. Ellas sólo quieren ser tomadas en cuenta, ser honradas, y ser incluidas en la presente escena. Asume que incluso el malestar contiene inteligencia; que no está en tu contra.
  1. LA ACEPTACIÓN NO ES UN ‘HACER’, LA ACEPTACIÓN YA ES
La aceptación no significa que algo desagradable vaya a desaparecer. Eso podría quedarse un rato. No intentes aceptarlo (porque eso normalmente es resistencia disfrazada), más bien reconoce que eso YA ha sido aceptado, aquí. Trátalo como algo que tal vez estaría aquí por siempre. Eso elimina la presión del tiempo, (tratando de que se vaya, preguntándote por qué “sigue ahí”). Eso ESTÁ aquí, ahora. Haz una reverencia ante ESTA realidad. Sé curioso. Y permite que cualquier urgencia, cualquier sentimiento de frustración, aburrimiento, decepción e incluso desesperación aparezca y sea incluida. Todo ello es parte de la presente escena, no un obstáculo. ¡Incluso la sensación de que hay algún obstáculo es parte de la escena!
  1. NO EXISTE EL ‘SIEMPRE’, NO EXISTE EL ‘NUNCA’
En realidad no existe el ‘siempre’ ni el ‘nunca’. Hazte plenamente consciente de esas palabras; son mentiras, y pueden crear un sentido de urgencia e impotencia; alimentan la historia de la búsqueda y la escasez. No hay un ‘resto de mi vida’, ningún ‘por años’, ningún ‘todo el día’. Sólo hay el Ahora, tu único lugar de poder. A veces incluso pensar acerca de mañana resulta demasiado. Sé aquí.
  1. SÓLO PUEDES LLEGAR ‘ALLÁ’ A TRAVÉS DE SER ‘AQUÍ’
Muchas veces nos enfocamos tanto en la meta, en el destino, que olvidamos el viaje, nos desconectamos de cada precioso paso y generamos estrés. Confía en que el simple hecho de estar presente te llevará hacia donde tienes que estar. Retira tu atención de los 10,000 pasos que han de venir, de los 10,000 pasos que aún no das, y recuerda el paso de este momento, el antiguo y vivo suelo. A menudo no sabemos hacia dónde nos dirigimos, y eso está bien. Haz amistad con la incertidumbre, con la duda; aprende a amar este lugar sagrado sin respuestas. Está vivo y es creativo y está lleno de potencial.
  1. ABRAZA TUS TROPIEZOS
Si te das cuenta que te has perdido en una historia, que te has desconectado, celébralo. Simplemente te has despertado de un sueño. Una gran inteligencia está viva en ti, un poder que te permite darte cuenta y conectarte. Has salido de millones de años de condicionamiento. No te castigues por haber olvidado, mejor celebra tu capacidad de recordar. ¡A este momento no le interesa si te olvidaste de él! Olvidar es una parte perfecta de la película. ¡Permítete olvidar, a veces! Deja que el camino te haga más humilde, en lugar de tratar de ser ‘perfecto’. La duda, la decepción y la desilusión serán tus constantes compañeros a lo largo de este camino sin camino. No hay ningún destino en la Presencia, no hay ninguna imagen de ‘éxito’ que tenga que defenderse. No puedes equivocarte, cuando no hay ninguna imagen de lo que es ‘correcto’.
  1. NUNCA TE COMPARES
Eres único; tu viaje es absolutamente original. Todos podemos ser expresiones del mismo océano de la consciencia, pero al mismo tiempo, todos somos una expresión única de ese mismo océano, ¡olas absolutamente únicas! ¡Nunca te compares con nadie! Cuando comienzas a compararte devalúas tus únicos e irremplazables dones, talentos  y verdades, y te desconectas de tu tan singular experiencia presente. No compares este momento con ninguna imagen de cómo pudo o debió haber sido. La sanación se hace posible cuando dices SÍ al sitio en donde te encuentras ahora, incluso si no es en el que habías soñado estar ‘ahora’. Confía, y confía a veces en que no puedes confiar. Tal vez, aquí, puedas confiar en tu falta de capacidad para confiar, e incluso la sensación de que no puedes soportar este momento, esté siendo ya aceptada…
Traducido por Tarsila Murguía
por Jeff Foster
Fuente: http://alma-espiritulibre.blogspot.com.ar


Una Carta Que Acabo De Enviarme A Mí Misma Desde El 2149

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Querida Yo Joven con un Alma Vieja…
Ni siquiera sé por dónde empezar…Cien años entre nosotras y todavía siento como si hubiese sido ayer.
Por favor, no te asustes, no estás loca. No estás imaginando esto. A menos de que ambas seamos producto de la imaginación de alguien más, o una especie de retrospectiva desde un futuro distante, en cuyo caso, ¿qué tendríamos que perder?
Te escribo desde una cápsula del tiempo suspendida en el espacio, que acabo de improvisar en una oficina con una visión: tratar de engañar a la realidad con mi último invento. Tú no puedes verme, pero yo sí puedo ver que estás leyendo esto, veo tu cara proyectada en mi ventana. Estás exactamente como te recuerdo.
Hay tantas cosas que me gustaría decirte, advertirte y enseñarte…
Nuestras estrictas e implícitas leyes universales nos prohíben hacer contacto con nuestros seres anteriores. Pero ya me conoces, siempre rompiendo las reglas. Después de años de estar investigando en secreto la dinámica del espacio, la velocidad del pensamiento (que, contrariamente a lo que solíamos creer, es mucho más rápida que la velocidad del sonido), y la expansión inversa del universo, finalmente descubrí la única cosa que no está contenida en el todo. La excepción a la regla. Un túnel en el tiempo. Un camino de regreso a ti.
Necesito tu ayuda…
Dicen que no debemos interferir en el orden natural de las cosas, incluso si éstas inevitablemente nos llevan hacia nuestra futura destrucción. Pero yo no creo en el destino, yo creo en la creación consciente. Como cuando comenzaste a enseñarme por allá del 2014, que el otro, pero igualmente natural lado de la decadencia, es la capacidad de protestar, de rebelarnos y resucitar de nuestras propias ruinas hacia una realidad más respirable.
En caso de que haya alguna duda, ¿qué otra cosa hace un homo sapiens creativo que no sea demoler y reconstruir?
Nos movemos entre estas dos fuerzas inevitables: nos bailamos a nosotros mismos hacia la destrucción, después trazamos un escape con nuestro último aliento, y finalmente (e infinitamente), nos levantamos de nuestras propias cenizas a través de un salto creativo de fe hacia un nuevo paradigma capaz de contener más plenamente nuestra naturaleza expansiva.
Pero de lo que no estábamos seguras en ese entonces, y ahora te lo puedo confirmar, es que nuestras redes se activan gracias a nuestros saltos. No hay nada allá afuera, en realidad, todo lo hacemos dentro.
Así que, querida joven y desconcertada, inquieta y llena de esperanza, poco evolucionada pero curiosa yo, escúchame. Odio apresurarte con respecto a estos asuntos existenciales de vida-o-muerte, pero quizás esta sea la única oportunidad que tenga de comunicarme contigo en este siglo. La Inquisición Cósmica ya debió haber interceptado esta transmisión y sus naves espaciales propulsadas con sangre llegarán en cualquier momento.
Pero primero, convoca lo épico y presiona el botón de reproducir:

En caso de que esta historia que llamamos Tierra, esta maravilla que llamamos Cuerpo, este día que llamamos Amor y este universo que llamamos Mente alcance su abrupto final, quiero que sepas cinco cosas, muy difíciles, verdaderas. Sé cuánto amas las listas.
Tengo la sensación de que si llegas a entender estas leyes universales intrínsecas como lo hago yo ahora, serás capaz de propulsar mi propia expansión en este futuro que aún no puedes ver, pero que te puedo asegurar que existe y que es mucho mejor de lo que imaginas.
A cambio me ayudarás a resolver los puntos muertos de mi tiempo, y a tomar otro salto de creatividad. Quizás tú seas el último aliento que necesito para trazar mi siguiente escape. Cada pequeño aspecto es de gran ayuda.
1. La realidad no existe.
Tú eres la puerta de entrada de la realidad. Nada es. Tú eres. Y a través de ti, tú experimentas el resto. La percepción lo es todo. Tú eres el narrador y la historia. Reconoces a ambas: tu pequeña historia y la gran novela, de la cual tu vida es sólo un capítulo. Toda vida es co-creación.
No pierdas tu tiempo protestando contra una existencia superficial, un sistema que no funciona, finales de mierda, gente vacía. No trates de luchar o huir. En su lugar, concéntrate en crear una alternativa que te saque de los pensamientos que te aprisionan. Ve más allá de tus limitaciones percibidas y comienza a operar a partir de la libertad que había antes de la prisión. Entrena a tu cuerpo para seguir este mismo camino.
2. El tiempo no existe. Tú eres el tiempo, la sangre y la agonía.
Me da gusto que no uses reloj. Aunque el problema es el reloj que llevamos en nuestra cabeza. Nacimos como esclavos del tiempo. Tienes que liberarte, y la única forma de hacerlo es simplemente cambiando la forma en la que ves al tiempo.
Eres una pieza de tiempo en constante transformación. Tú no existes en el tiempo. El tiempo existe en ti.
La misma parte de ti que sirve como Directora General de tu propia vida - diseñando, planeando, organizando tus pensamientos y percepciones, también es quien dirige tu tiempo. Por lo tanto no puedes decir: “No tengo el tiempo suficiente.” Porque tiempo es todo lo que tienes y todo lo que eres. Integra esta verdad a través de practicara a diario. Te ahorrará muchos dolores de cabeza, estrés, enfermedades y dolor.
3. No existe ningún lugar que pueda contenerte.
¿Ya ves cómo pierdes tus llaves todo el tiempo? 100 años después, yo sigo haciendo lo mismo con los microchips de mi nave espacial, gracias… Después de maldecir todo lo que hay a nuestro alrededor, uno termina encontrando las cosas en un lugar en el que ya había buscado antes, pero no lo vio. Sin embargo, ahí estaba. Jamás se movió. No lo viste antes porque no estabas pensando en ello.
Nuestra percepción determina lo que vemos y lo que permanece oculto. Y lo que vemos determina cómo nos relacionamos con la imagen que tenemos del mundo y nosotros mismos, y lo que hemos de seguir creando.
Hay realidades alternativas, paralelas, alrededor y dentro de ti que aún no eres capaz de visualizar porque has sido condicionada a creer que sólo lo que ves es real. Pero aquí te digo lo contrario: tienes que creer para poder ver. La creencia, el pensamiento, la idea, viene primero. Y lo que realmente ves - el espacio a tu alrededor y todo lo que contiene - finalmente confirmará esa creencia.
Lo que es real en ti, es mucho más grande que tus confines y mucho más grande que el espacio imaginario a tu alrededor. Es como un botón de encendido y apagado que declara: ¡Que la luz sea aquí!
4. La gente no existe. Al menos no en la forma en que tu imaginación ha sido entrenada para creer.
Una persona no es una unidad, es un proceso. Al igual que tú, todo el mundo es una configuración única de tiempo y energía, ocurriendo en forma simultánea. Somos eventos y manifestaciones visibles del cosmos interactuando entre sí. Somos expresiones del universo, sueños hechos realidad.
Nuestro sentido de familiaridad y reconocimiento de nosotros mismos y de los demás, es el universo viéndose a sí mismo a través del espejo de carne y diciendo: “¡ajá! te recuerdo, porque provienes de mí y tú eres yo”. Todo lo que tiene sentido, cada comprensión, reconocimiento o cognición es una re-cognición, un re-conocer algo que ya existe en y más allá de nosotros mismos.
Sólo podemos ver y aceptar aquello de lo que ya somos parte, o aquello que ya está en nosotros. Somos incapaces de re-conocer algo o alguien con quien no estemos ya familiarizados, a un nivel interno profundo, o que en parte no sea ya nosotros.
Afirmar o creer que estás separada de los demás (y esto incluye el resto de la naturaleza) o que eres de alguna manera diferente,  por encima o por debajo, es tan ridículo como un capítulo en una novela poniéndose por encima o separándose de los demás capítulos. Lo único que te hace singular es el punto de vista desde el cuál estás ocurriendo. Como experiencia humana, tú eres todos.
5. La muerte no existe.
No en la forma en que tu cultura la entiende. Hay cambio. Hay hojas cayendo, estaciones pasando, configuraciones físicas decayendo. Hay metamorfosis. Nada se pierde en la naturaleza. Nada se desperdicia. Todo en nosotros es procesado, reciclado, reutilizado, re-creado.
Tu piel se remplaza cada 4 semanas, tu hígado, cada 6 semanas; tu corazón, cada 6 meses. En el lapso aproximado de un año, se sustituyen todos y cada uno de los átomos de tu cuerpo. Átomos de miles de seres humanos, a través de toda la historia ahora están en ti, y han ido y venido a través de ti.
Es por eso que Yo soy Tú. O qué… ¿realmente crees que tu actual cuerpo y cansada mente podrían andar tal cual por ahí otros cien años?
Entonces, si no somos nuestros átomos o nuestras células, porque todo esto viene y va, entonces piénsalo, ¿quiénes somos?
Si empezamos a entender nuestros yoes percibidos como un proceso y como manifestaciones temporales de algo más grande, como historias contadas por un ser superior que no está sujeto a esos cambios - un observador de lo interno y lo externo que advierte todo y contiene el misterio de nosotros, entonces, ¿cómo es que podríamos llegar a un fin?
El observador en nosotros es eterno. Nuestros átomos serán reciclados hasta que hayamos agotado por completo nuestra actual forma de existencia. En este sentido, la muerte es una forma de liberación - libera tu eterna e indomable esencia de las consecuencias de tus limitaciones sociales, culturales, mentales y físicas, del condicionamiento y las imposiciones que te han dado forma desde que entraste en este mundo. La muerte le regala a esa verdad en ti la libertad de escapar completamente de la prisión de la mente y el deterioro del cuerpo.
Tú, en la forma en como te conoces a ti mismo, morirás. Pero te estoy escribiendo para que sepas que no hay ningún fin. Nuevas cosas nacerán a través de ti y desde ti y por ti, eternamente. Tú eres un capítulo del infinito…
En palabras de Simone de Beauvoir (cuyo cumpleaños número 106 es hoy, hablando de atemporalidad):
“Independientemente de las asombrosas dimensiones del mundo sobre nosotros, de la densidad de nuestra ignorancia, de los riesgos de las catástrofes que han de venir, y de nuestra debilidad individual dentro de la inmensa colectividad, el hecho es que somos absolutamente libres hoy mismo si optamos por decidir nuestra existencia y su finitud, una finitud abierta al infinito. 

Y, de hecho, cualquier hombre que haya conocido amores reales, revueltas reales, deseos reales y una voluntad real, sabe bien que no tiene necesidad de ningún tipo de garantía externa para estar seguro de sus metas; su certeza proviene de su propia determinación.”
- Simone De Beauvoir,
“The Ethics of Ambiguity”
¡Me tengo que ir! Ellos ya están aquí…
Por favor, sólo recuerda: Nada es en vano. Nada es simplemente nada.
Nosotros somos ese algo dentro del todo.
Te conozco.
Te veo.
Esto importa.
{P.S. NO TE LIMITES A SOBREVIVIR. PRACTICA ESTAR REALMENTE VIVO.}

La conciencia sin objetos.

Biología de la creencia - Bruce Lipton

Todos los sueños deben cesar

Actividad y descanso derivan de la ilusión;
en la iluminación no hay agrado ni desagrado.
Todas las dualidades proceden de ignorantes deducciones.
Son como sueños o flores en el aire:
es estúpido intentar atraparlas.
Ganancia o pérdida, correcto o incorrecto:
tales pensamientos tienen que ser finalmente
abolidos de una vez por todas.
Si el ojo nunca duerme,
todos los sueños cesarán naturalmente.
Si la mente no hace discriminaciones,
las diez mil cosas
son como son: de la misma esencia.
Entender el misterio de la única esencia
es liberarse de todos los enredos.
Cuando todas las cosas se ven por igual,
se alcanza la esencia intemporal del Ser.
Ninguna comparación o analogía es posible
en este estado sin causas ni relaciones.


La mente origina todos los sueños, a través de ella no ves la realidad

La mente tiene sólo una capacidad: la de soñar. Y este soñar continúa incluso cuando estás despierto. Y como estás soñando las 24 horas del día, la realidad es que te hallas profundamente dormido. Mientras estás ocupado con algo, para todos los propósitos externos, pareces estar despierto, pero en lo profundo una corriente de sueños fluye constantemente… El soñar es tu continuidad. Y a no ser que se rompa esta continuidad no podrás saber qué es la verdad, porque tus sueños se impondrán sobre lo que sea que aparezca ante ti, se proyectarán en ello, tú lo interpretarás. No serás capaz de verlo tal como es, lo falsificarás.

Shankara dividió la realidad en tres categorías. La primera es la de la verdad: lo que es. La segunda, la de lo que no es verdad, lo que no tiene posibilidad de ser, pues para ser se necesita la verdad. Y a la tercera la denomina soñar: apariencia, ilusión, maya… lo que aparenta ser, pero no es. Si la mente no se encuentra soñando sólo hay una categoría: la verdad. Pero si tu mente está soñando aparecen las otras dos.

El sueño es, en cierto sentido, pues tú lo sueñas. Y no es en un sentido diferente, porque no se corresponde con la realidad. Sueñas por la noche que te has convertido en un rey y por la mañana descubres que sólo eres el mismo mendigo de siempre. El sueño era falso, pero era, así que tiene una cualidad verdadera en él, o de otra forma habría cesado inmediatamente… Si te vuelves consciente de que estás soñando, el sueño se rompe, ya estás despierto.

La verdad es, lo falso no es. Y entre ambos hay un mundo de sueños que conlleva la cualidad de ambos. La mente es el origen del soñar, de todo maya.

Puedes creer que si dejas el mundo y te vas a los Himalayas alcanzarás la verdad. Te equivocas, porque tu casa no es maya, tu mujer no es maya, tus hijos no son maya; no. Tu mente es maya. ¿Cómo vas a dejar aquí tu mente e irte a los Himalayas? La mente está dentro de ti. Si puedes dejarla, puedes dejarla en cualquier lugar. Si no puedes dejarla, no puedes dejarla vayas a dónde vayas.

A la mujer, a los hijos, a la casa, al mundo, se le llama maya, ilusión, en un sentido secundario; porque la mujer existe, ella tiene un ser. Ella es Brahma en sí misma, ella es la verdad; no como esposa sino como alma. Tu mente la interpreta como esposa: “Ella es mi esposa”. Entonces se crea un sueño. Ella está ahí, ¡absolutamente cierto! Tú estás aquí, ¡absolutamente cierto! Y entre ambos ocurre un sueño. Tú la llamas tu esposa y ella te llama su marido… Sin embargo, la ilusión es algo temporal y, tarde o temprano, tiene que desaparecer.

Amas a una mujer y se crea un sueño. Pero ¿cuánto puede durar un sueño?... Antes o después, cesará. Entonces fingirás que todavía la amas. Y cuando finges, el sueño se ha roto, pero todavía continúas con el sueño y este se vuelve una carga muy pesada. Por eso vives con tanto sufrimiento. El sufrimiento no es otra cosa que sueños rotos… Y en vez de ver la verdad, echarás la culpa al otro. Dirás: “Esta mujer me ha engañado, no me mostró su verdadera realidad”. Y no te darás cuenta de que esa no es en absoluto la cuestión. Tú fuiste quien creó un sueño en torno a ella y, debido a ese sueño, no pudiste ver la realidad. Ella también estaba creando un sueño en torno a ti.

Así que siempre que dos personas se enamoran no hay dos personas, sino cuatro: el amante, el amado, el amado creado por la mente del amante y el amante creado por la mente del amado. Estos dos últimos son sueños y van cambiando. Tarde o temprano, cuando el sueño se rompa, seréis dos, no cuatro. Y siempre que seáis dos habrá dificultades. Entonces te gustaría volcar la responsabilidad en el otro: “Es por el otro”. Y de nuevo vuelves a no darte cuenta de la cuestión. Esto quiere decir que crearás el mismo sueño en torno a otra mujer, porque pensarás: “Esta mujer no me va a engañar y, además, ahora soy más listo”. Pero la mente nunca es lista…

La sabiduría llega únicamente cuando el soñar desaparece. Sólo entonces ves las cosas tal como son. La infelicidad ha sido causada por tus sueños y has de tomar consciencia de este fenómeno. No vuelques la responsabilidad en el otro, de ser así crearás otros sueños. Date cuenta de que quien proyecta eres tú. Tu mente está detrás de todo esto, la mente es el proyector. Pero tú siempre miras al otro porque el otro es la pantalla… En este momento estás amando y al siguiente estás odiando; a la misma persona, a la misma pantalla. Simplemente observa y serás capaz de ver que la otra persona no es la cuestión sino que tú estás proyectando algo. No puedes ver la realidad a través de los ojos de la mente.

Empieza a ver las cosas sin la mente: despierto, en el aquí y ahora

Si realmente quieres llegar a conocer la verdad, empieza a ver las cosas sin la mente. Cuando mires a una flor, no permitas que la mente diga nada. Tan sólo mírala. Será difícil debido a tu viejo hábito de interpretar. Puedes reírte de la estupidez de los demás, pero hasta que no empieces a reírte de la tuya propia no serás capaz de convertirte en un hombre de Tao.

¿Qué hay que hacer? Inténtalo con pequeñas cosas: no hagas intervenir la mente respecto a ellas. Cuando mires a una flor, simplemente mira. No digas “¡qué hermosa!” o “¡qué horrible!”. ¡No digas nada, no pongas palabras! Sencillamente mira. La mente se sentirá incómoda, intranquila. La mente quisiera decir algo. Simplemente dile a la mente: “¡Estate en silencio. Déjame ver. Sólo voy a mirar!”. Al principio será difícil, pero comienza con cosas en las cuales no estés muy involucrado, que sean neutras: una roca, una flor, un árbol, la salida del Sol, un pájaro volando, una nube flotando en el cielo. Y sólo cuando lo hayas conseguido, muévete hacia situaciones cargadas emocionalmente. Poco a poco irás dejando de lado a la mente, vaciándote de sueños, llenándote de verdad.

Y si dejas de soñar cuando estás despierto, igualmente dejarás de soñar mientras duermes, porque solamente puede existir como círculo continuo. Si el círculo se rompe por alguna parte, poco a poco, todo el edificio se desmoronará. Si durante el día puedes mirar las cosas sin soñar, durante la noche tendrás cada vez menos sueños. Cuando estás despierto… Buda y Jesús decían constantemente: “¡Estad despiertos!”. Lo que querían decir es: “¡No soñéis, simplemente estad presentes aquí! ¡No os vayáis a ningún otro sitio!”. Si os vais al pasado, soñáis; si os vais al futuro, a la imaginación, soñáis. Estad aquí y ahora; sólo entonces no estaréis soñando.

Te agrada lo que fortalece tu ego

“Actividad y descanso derivan de la ilusión; en la iluminación no hay agrado ni desagrado”… ¿Por qué  ti te agradan ciertas cosas y te desagradan otras? ¿Cómo ocurre esta división?, ¿por qué te gusta esta persona y esta otra no? Y de repente un día esta no te gusta y te ha empezado a gustar la otra. ¿Cuál es el mecanismo? Elemental: te gusta una persona si te permite fortalecer tu ego; si se convierte en una pantalla y te ayuda a soñar. Te gusta una persona si se ajusta a tu sueño. Por el contrario, si una persona no se ajusta a tu sueño, si no te permite soñar, te desagrada, te molesta. No encaja, no te hace de pantalla; no es pasiva, es activa, por eso te desagrada. Quieres que sea una pantalla pasiva, para que coopere con lo que sueñes, sea lo que sea. En caso contrario, sientes que esa persona es de algún modo tu enemigo, que te está destruyendo.

Este es el criterio para saber si un Maestro es verdadero: no fortalecerá tu ego y parecerá tu enemigo, porque destruirá tus sueños. En cambio, uno falso te ayudará siempre a soñar, te cantará para que puedas dormir bien. El verdadero destruirá tus sueños. Pero los sueños están muy cerca del corazón y si alguien los destruyes, sientes que te están destruyendo a ti. Sin embargo, tendrás que morir porque, a no ser que mueras, no podrás renacer. Cuando se rompen los sueños, la verdad llega a la existencia, se manifiesta.

A ti te gusta alguien cuando ayuda a tu ego. Y si alguien lo alimenta, tú estás dispuesto a agrandar su ego a cambio. Es un acuerdo mutuo. Y este acuerdo se rompe en el momento en que alguien va a lo suyo o que algo no encaja, cuando esa persona es inflexible, empieza a dominar, a poseer, a herir tu ego... Y eso va a suceder porque el que tu ego se engrandezca no es la causa de que gustes a esa persona; le gustas porque el suyo, su propio ego, se engrandece. Tú le gustas porque engrandeces su ego y a ti te gusta porque engrandece el tuyo. Vuestros propósitos son no sólo diferentes, sino opuestos. Y un acuerdo de ese tipo no puede ser eterno, pues únicamente uno puede ser el dominador y ambos tratáis de serlo. Al principio seréis muy cariñosos porque el terreno es desconocido. Pero poco a poco, a medida que las cosas vayan asentándose, os volveréis más y más inflexibles, posesivos, agresivos con el otro. Y empezaréis a dejaros de gustar. Tú odias a quien de alguna manera trata de derrocar tu superioridad; y amas a quien te hace sentir superior.

El ego sufre continuamente complejo de inferioridad. Por eso a un hombre le gustaría amar a esta mujer, y a otra, y a otra… a miles de mujeres. Porque, aunque sólo sea al principio, la mujer siempre coopera. Y esta es una estrategia femenina: la mujer coopera sólo al principio. En cuanto siente que ya no te puedes escapar, empieza a dominarte. Te gustaría conquistar muchas mujeres, pero sólo en el comienzo. Fíjate, todos los amores son maravillosos sólo al principio. Es muy difícil, muy raro, encontrar un amor hermoso al final. Y si puedes encontrar algo así, es que en esa relación hay amor verdadero. Lo importante es el final, pues al principio todos los amores son hermosos.

Y dejando a un lado las personas, ¿por qué te gusta algo? Debido a que hasta las cosas refuerzan tu ego. Si tu vecino se compra un coche más grande, tú también tienes que comprarte otro más grande. Puede que sea más problemático y costoso, quizá ni te lo puedas permitir, pero tú también tienes que comprarte otro. ¿Por qué te gusta? Todos tus gustos proceden del ego: un coche más grande te da prestigio… Cuando algo te da prestigio, te gusta: un coche, una casa, el mobiliario, la ropa... Te sientes poderoso. También a veces llamas a la puerta de Dios pidiendo poder; pero esa puerta es sólo para aquellos que se han hecho absolutamente conscientes de que el poder, la búsqueda de poder, es una tontería, una locura.

Aceptas y rechazas según el ego. Y el ego nunca está a gusto consigo mismo; es una constante molestia, porque el ego tiene que mirar todo el tiempo a su alrededor… Hay millones de personas y tú estás en competencia con todo el mundo: nunca llegará el momento en el que te sientas contento y en paz. Puedes poseer el mundo entero, pero un mendigo puede cantar mejor que tú. No puedes tenerlo todo. Lo que sea que poseas no te satisfará. La mente, el ego, se sentirá siempre insatisfecho.

Cuando no hay ego no hay cuestión de agrado o desagrado. Donde sea que la naturaleza te lleve, fluyes. Flotas en el Río de la Vida y no eliges desde la mente. Vas donde el río te lleve, sin preferencias, sin destino. Te mueves simplemente porque toda la Naturaleza se mueve en esa dirección. La elección permanece en el todo; el agrado y el desagrado permanecen en la totalidad, no son de tu incumbencia. Estás despreocupado y donde sea que llegues es la meta. No hay una meta predeterminada. El “yo quiero” ya no es el factor decisivo. Eres, simplemente, como una nube.

Si le prestas más atención a una persona sólo quiere decir que la atención se mueve de esa manera… Esa persona debe estar más necesitada, quizás más vacía y atrae más atención. Es como si cavas un agujero en la tierra: el hoyo atraerá agua hacia él. Si esa persona es más meditativa, Buda le concederá más atención; pero recuerda, él no lo está haciendo: ha sido atraído. Es un fenómeno natural; no es su elección o su gusto… Un hombre del Tao, un iluminado, simplemente fluye como una nube, flota en el Río de la Vida. No tiene preferencias ni aversiones, porque todo eso pertenece a la mente soñadora, al ego soñador.

De una vez por todas

“Todas las dualidades proceden de ignorantes deducciones. Son como sueños o flores en el aire: es estúpido intentar atraparlas. Ganancia o pérdida, correcto o incorrecto: tales pensamientos tienen que ser finalmente abolidos de una vez por todas”. Hay que subrayar esta expresión: “De una vez por todas”. Deja que penetre profundamente en ti, porque hay dos formas de hacer las cosas: gradualmente, o de una vez. Si las haces gradualmente no serás capaz de hacerlas, porque persistirán. ¿Por qué gradualmente?, ¿por qué no de una vez? Si has entendido, ¿por qué darse tiempo? Y si no has entendido, ¿cómo lo vas a hacer gradualmente? Y mientras tanto eso que sea se arraigará más. Como mucho, puedes modificarlo de formas muy sutiles; pero estará ahí. Puede que hasta empiece a convertirse justo en su opuesto, pero estará ahí. Quizás nadie sea capaz de notarlo, pero tú serás consciente de que está ahí…

No, el entendimiento es siempre de una vez: entiendes o no entiendes. Si no entiendes, ¿cómo vas a abandonar nada?; y si entiendes, ¿por qué gradualmente? Si entiendes, ahora mismo lo abandonas; si no entiendes, pospones… El truco es: “Lo haré mañana”. Observa: cuando te enfadas, inmediatamente actúas… ¿Por qué no haces lo mismo en lo que afecta a tu vida? Porque sabes que si pospones las cosas no llegarán a hacerse. Y realmente tienes miedo a hacerlas y te auto-engañas con el “lo haré mañana”… ¡No pospongas! Si no estás convencido, di: “No lo tengo claro, así que lo voy a mantener”. Al menos serás honesto contigo mismo y no te engañarás.

El conocimiento es transformación. Si realmente supieras, harías inmediatamente, lo abandonarías de una vez... Pero tú eres muy astuto. Crees que sabes, pero no sabes. Quieres creer que sabes y que, poco a poco, estás intentando cambiarte a ti mismo. La transformación nunca es gradual, siempre es de una vez… Nadie cambia en el futuro (el futuro es una droga, la de mayor adicción de la Humanidad, con la que la gente se auto-engaña para no hacer aquí y ahora lo que en su interior se mueve); la transformación es siempre aquí-ahora. No hay ningún otro momento.

El tercer ojo: el testigo interno

“Si el ojo nunca duerme, todos los sueños cesarán naturalmente. Si la mente no hace discriminaciones, las diez mil cosas son como son: de la misma esencia”… ¡El ojo, no los ojos!... Se trata del “tercer ojo”.

Hasta cuando tu cuerpo duerme, algo en ti se mantiene despierto. Puede que no tengas claro que es, pero un punto, en algún lugar de ti, sigue siendo un testigo. Por eso a la mañana siguiente puedes decir “esta noche he dormido estupendamente” o “he pasado una noche fatal”. ¿Quién lo sabe? Alguien observa constantemente. Es el tercer ojo que siempre está abierto, ni siquiera pestañea. La denominación es simbólica: el tercer ojo indica que en ti hay una visión eterna, una vigilancia eterna, un testigo eterno que nunca duerme, nunca sueña, puede ver la verdad.

Haya dentro de ti ese lugar que nunca duerme. La verdad no es algo que esté en el exterior. La cuestión radica en encontrar o en cómo buscar dentro de ti ese lugar que nunca esta inconsciente y siempre está despierto, alerta, consciente. Y una vez que lo encuentras, siguiéndolo puedes viajar hasta su mismo origen. Y ese origen es Dios. Sólo tienes que viajar esa distancia; eso se convierte en tu camino.

Encontrando al testigo interno, has encontrado el camino. Entonces, cada vez más y más, conviértete en esa consciencia; deja que toda tu energía entre en esa consciencia. Y cuanto más consciente te vas haciendo, menos sueñas... Y llega un momento en el que, de repente, tú eres solamente el testigo y la mente ha desaparecido. Toda la energía de la mente se ha disuelto en el tercer ojo. Ahora eres sólo un testigo. Ese ser que atestigua es el lugar desde donde el mundo desaparece y lo Divino se revela.

El tercer ojo es el testigo. Él es uno. Si quieres ser uno en tu interior, busca el punto de la consciencia que observa. Al caminar, observa; al comer, observa; al irte a dormir, duérmete observando lo que ocurre. Tarde o temprano, un día, de improviso, te darás cuenta de que el cuerpo se ha dormido, pero tú todavía estás observando. Entonces verás cómo los sueños de la mente se caen por sí solos, desaparecen. Estás todavía observando y, de repente, estás iluminado. Desaparecen los sueños y con ellos todas las ilusiones (maya). Y ves que todo forma parte de la esencia única. Los árboles pueden ser diferentes en la forma, pero lo que no tiene forma en su interior es el uno. La roca es una con el árbol; el árbol es uno con la estrella; y la estrella es una contigo. Todo está unido.

Al estar dividido en tu interior, las cosas parecen ser múltiples. Es igual que cuando rompes un espejo: se parte en muchos fragmentos y en cada uno se refleja tu cara. Tú estás ahí, eres uno, pero ves muchas caras. Al estar dividido, todo queda dividido y te asustas, ves enemigos por todas partes, empiezas a luchar, te pones agresivo e intentas defenderte innecesariamente… Vives en sufrimiento, mueres en sufrimiento. Hazte uno en tu interior y de repente todo se vuelve uno en lo exterior. El Universo es como tú eres; si tú estás dividido, el Universo está dividido; si tó no estás dividido, el Universo no está dividido.

No hay causa para lo supremo

“Entender el misterio de la única esencia es liberarse de todos los enredos. Cuando todas las cosas se ven por igual, Cuando todas las cosas se ven por igual, se alcanza la esencia intemporal del Ser. Ninguna comparación o analogía es posible en este estado sin causas ni relaciones”. Por eso no se puede decir nada acerca de esta suprema iluminación; porque es una y las palabras son para la dualidad. Puedes decir algo, pero lo que sea que digas no será correcto porque estará en un nivel diferente, en una dimensión distinta.

Es imposible decirte nada acerca de la única esencia. Lo que sea que se diga será mal entendido, mal interpretado… a no ser que crezcas. Ese es el problema… La gente se acerca a los Maestros planteando sus interrogantes. Sus preguntas son relevantes, pero no las pueden contestar porque la respuesta sólo es posible cuando los que preguntan crezcan… Hay respuestas que sólo te pueden ser dadas cuando crezcas. Pero cuando creces no hay necesidad de contestarlas, simplemente las entiendes… Creéis que vuestra pregunta es correcta y que hay que darle una respuesta… No se te puede decir nada de la verdad y todo lo que se dice es siempre aproximado. Y no existe cosa tal como la verdad aproximada: o es verdad o no es verdad. Por eso, lo que sea que se diga no tendrá sentido. Cuando sepas te reirás. Pero no hay otra forma, no se puede hacer otra cosa. Así que lo que dicen no es muy importante, es sólo para atraerte hacia un crecimiento. Si te interesas y empiezas a crecer y a moverte en una dimensión acerca de la que no sabes nada, han dado en el clavo.

No hay causa para lo supremo. Lo supremo es el todo y no está relacionado. Está solo. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué decir? Si algo está relacionado, se puede decir algo acerca de ello; si algo tiene causa, se puede decir algo acerca de ello, porque participan al menos dos. El lenguaje es posible si hay dos. Si sólo hay uno, el lenguaje se vuelve absolutamente absurdo.

No te preocupes por las filosofías, no entres en argumentaciones de un tipo u otro. Hay millones de argumentos y cada argumento se convierte en un enredo; cada filosofía, en una nueva prisión. Simplemente una cosa: encuentra en tu interior algo que no tenga causa, que sea uno. Y una vez que halles en tu interior un pequeño vislumbre de ello, has encontrado el sendero. Ahora ya no necesitas hacer nada… La meta te atrae como la gravedad, eres atraído hacia ella como si fuera un imán. El centro te atraerá sin necesidad de ningún esfuerzo. Sólo tienes que hacer una cosa: entrar en ello.

El único esfuerzo es cómo ponerte en contacto con tu propia energía vital. Ese contacto se ha perdido. Estás muy cerca, pero hay una distancia. Un pequeño giro, una mirada atrás y las cosas empiezan a cambiar. Y cuando ocurra te reirás: “¿Por qué parecía tan difícil cuando es tan fácil?”. Pero si no ocurre parece difícil. Y puede ocurrir ahora mismo, de una vez, inmediatamente. Intenta encontrar en tu interior algo que no tenga causa, que permanezca inmutable. ¿Cómo puedes hacerlo?

Te levantas por la mañana y todo va cambiando: muchos estados de ánimo distintos se suceden a lo largo del día y por la noche te vas a dormir. Por el día piensas y por la noche sueñas: todo continúa como un flujo. Encuentra algo en este flujo que permanezca igual: eso es atestiguar… Por la noche observas los sueños: los sueños cambian, pero el testigo, el atestiguar, permanece igual. Por el día observas los estados de ánimo: cambian, pero el atestiguar sigue igual. Si estás sano, atestiguas la salud; si estás enfermo, atestiguas la enfermedad. Una cosa permanece siempre igual, el atestiguar. Y todo lo demás tiene una causa, mientras que el atestiguar no tiene causa. No te preocupes por las cosas que tienen una causa, pertenecen al mundo de las ilusiones. Estás en busca de lo que no tiene causa. Descubrirás que el atestiguar es lo único que no tiene causa; nadie lo causa.

Un Maestro sólo puede mostrarte el camino. No puede causar ninguna transformación, porque todo consiste en buscar lo que no tiene causa. Nadie puede causarlo. Solamente puede mostrarte el sendero; tú eres quien tiene que andarlo. Si un buda pudiera transformarte, esa transformación también sería parte del mundo ilusorio, porque de nuevo tú tendrías una causa.

Sólo observa: la alegría, la tristeza, el placer, el dolor..., vienen y van a tu alrededor. Y el atestiguar permanece como el mismísimo centro, sin causa, inmutable, uno. Encuentra eso dentro de ti y todo se vuelve claro. Cuando estás claro en tu interior, todo es transparente. La verdad está por todas partes, solamente tienes que volverte uno.


Fuente: Extracto del capítulo 7 de “El Libro de la Nada”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.

Ni esto ni aquello

En este mundo de Esencialidad no existe ni el yo ni nada que no sea yo.Para entrar directamente en armonía con esta realidad, cuando las dudas surjan simplemente di: «No dos».En este «no dos» nada está separado, nada está excluido.No importa cuándo ni dónde: iluminación significa entrar en esta verdad.Y esta verdad está más allá del aumento o la disminución en el tiempo o el espacio:en ella, un solo pensamiento dura diez mil años.

Esencialidad: tal es la naturaleza de las cosas
Esencialidad (tathata) consiste en vivir en este mundo y con este mundo tan profundamente que el mundo desaparezca y tú te conviertas en la esencia. Y la actitud que la caracteriza e identifica es la aceptación: vivir sin conflictos ni quejas desde el discernimiento de la naturaleza de las cosas… Es viviendo así como, de pronto, acontece la transformación. Mientras estés luchando, tu energía se divide. Pero una vez que aceptas, se hace una en tu interior y la propia liberación de energía se convierte en una fuerza curativa que no viene de afuera. Es así como la esencialidad incide sobre la enfermedad física, la mental y, finalmente, la espiritual, aunque lo aconsejable es empezar por el cuerpo y, si tienes éxito con él, intentarlo en los otros niveles.
Cuando algo vaya mal en el cuerpo, relájate y acéptalo. Di para tu interior, sintiéndolo intensamente: “Tal es la naturaleza de las cosas”. Si las cosas que han nacido tienen que morir, algunas veces tendrán que enfermar. … Acéptalo, no te identifiques con ello. No hay de qué preocuparse: no te está ocurriendo a ti; está sucediendo en el mundo de las cosas… Cuando no luchas, transciendes. La aceptación es la transcendencia. Y esta transcendencia se convierte en una fuerza curativa. De repente, el cuerpo empieza a cambiar.
Lo mismo ocurre con las preocupaciones mentales, las tensiones, las ansiedades, la angustia… ¿A qué se debe que te preocupe algo? A que no puedes aceptar el hecho porque tienes algunas ideas que imponer a la naturaleza. Por ejemplo, te estás haciendo viejo y eso te preocupa. Te gustaría permanecer siempre joven; ahí está la preocupación… ¿Qué es lo que muestras con tus preocupaciones? Que no puedes aceptar lo que está ocurriendo.
El mundo de las cosas es un flujo y en él nada es permanente. Si esperas permanencia de un mundo donde todo es impermanente, te crearás preocupaciones. Por ejemplo, te gustaría que este amor fuera para siempre. Sin embargo, nada puede serlo en este mundo; todo es momentáneo. Esta es la naturaleza de las cosas, su esencia. Bien… Ahora sabes que ese amor ha acabado y ello te causa tristeza. Vale, acepta la tristeza. Si estás tembloroso, acepta el temblor; si te apetece llorar, llora. ¡Acéptalo! No lo reprimas, no disimules, no trates de fingir. No puedes luchar contra los hechos, acéptalos.
Y si lo haces gradualmente, estarás constantemente dolorido y sufriendo. Pero si los aceptas sin queja alguna, no desde la impotencia, sino desde la comprensión, se vuelven esencialidad. Entonces ya no estás preocupado, ya no hay problema, porque el problema no era causado por el hecho en sí, sino debido a que no podías aceptarlo de la forma en que estaba ocurriendo: querías que fuera a tu manera.
La vida no va a ser como tú quieras
La vida no va ser como tú quieras, sino como la propia vida quiera. Y ante este hecho cierto, tú mandas. Si lo rechazas, sufrirás. Si lo aceptas desde la consciencia, tu vida se convertirá en éxtasis… También Buda tuvo que morir, pero lo hizo feliz al ser consciente de que lo que ha nacido tiene que morir: el nacimiento implica la muerte; así son las cosas. Si mueres preocupado y sintiéndote desdichado, te perderás lo que la muerte puede ofrecerte, la gracia que se manifiesta en el último momento, la iluminación que sucede en el tránsito. Mueres; morirás muchas veces y seguirás perdiéndote lo mejor de ello.
Si puedes aceptar la muerte, abres la puerta del tránsito con una bienvenida en tu corazón. Y la calidad del fenómeno cambia inmediatamente. De repente eres inmortal: el cuerpo se está muriendo, pero tú no. Ahora puedes darte cuenta de que sólo se abandona la vestimenta, no el contenido; el coche en que has encarnado para vivir la experiencia humana, no el conductor, no la consciencia, que permanece en su iluminación; y más aún, porque en la vida muchas fundas la cubrían, pero en la muerte está desnuda y libre.
No obstante, para esto hay que embeber la actitud de la esencialidad, no un mero pensamiento mental o una filosofía: tu vida entera ha de transformarse en esencialidad. Ni siquiera hace falta que pienses en ello: sencillamente se vuelve algo natural… Comes en esencialidad, duermes en esencialidad, respiras en esencialidad, amas en esencialidad, lloras en esencialidad… Se convierte en un hábito y no necesitas preocuparte por ello… Es tu forma de ser… ¡Aceptas!
Es cierto que el término “aceptar” conlleva cierta carga -por ti, no por la palabra- porque sólo aceptas cuando te sientes impotente, cuando no puedes hacer nada… En el fondo todavía deseas; piensas que de haber sido de otra forma hubieras sido feliz, pero ¡qué le vas a hacer! Lloras desconsoladamente y pasas muchas noches preocupado, con pesadillas y sufrimientos... Finalmente, el tiempo es el que te cura, no la comprensión. Y el tiempo es necesario sólo porque no comprendes, sino te curarías inmediatamente.
Así que, poco a poco, las cosas se difuminan, se pierden en la memoria cubiertas por el polvo. Y todavía algunas veces duele la herida porque vas cargando con el pasado… Fuiste niño; el niño todavía está ahí. Luego un muchacho; el muchacho todavía está ahí con todas sus experiencias… Capa sobre capa, todo está ahí. Es por eso que en ocasiones retrocedes: si te ocurre algo y te sientes desamparado, empiezas a llorar como un niño. Has retrocedido en el tiempo, el niño ha salido a la superficie. ¿Por qué llevamos toda esa carga? Porque en realidad nunca aceptas nada. Si aceptas el fenómeno, la situación, la vivencia o el hecho no quedará nada con lo que  cargar. Pero si aceptas porque te sientes impotente, cargarás con él… Cualquier cosa que esté incompleta permanece para siempre como una carga; cualquier cosa que esté completa se abandona. Porque la mente tiene una tendencia a cargar con las cosas incompletas con la esperanza de que algún día surja la oportunidad de completarlas. Aún esperas que regresen los días que ya se han ido. No has transcendido el pasado. Y a causa de ese pasado tan pesado, no puedes vivir en el presente.
Cuando aceptas en esa actitud de esencialidad no hay rencor, no te sientes impotente. Sencillamente entiendes que así es la naturaleza de las cosas. Por ejemplo, si quiero salir de una habitación lo haré por la puerta, no atravesando la pared. Esta es la naturaleza de la pared: impedir el paso; esa es la naturaleza de la puerta, que pases a través de ella. Pues bien, acepta las cosas como a la pared y la puerta… Si puedes mirar con claridad no harás cosas como intentar traspasar la pared… Observa las cosas y si hay algo es natural no trates de forzar en ello algo que sea innatural.
¿Por qué no miras los hechos tal como son? Porque tus deseos están demasiado presentes. Por eso te has convertido en una persona tan impotente. Supera la impotencia: ante cualquier situación, no desees nada, pues el deseo te llevará por el camino equivocado. Mira los hechos con toda la consciencia de que dispongas y, de repente, se abre una puerta y ya no pasas a través de la pared, sino por la puerta, sin un rasguño. Y ya no cargas con nada.
Y la esencialidad es comprensión, no un destino sin esperanza. Así que esta es la diferencia. Hay gente que cree en el destino o que dicen “Dios ha querido que fuera así”, pero en el fondo mantienen un rechazo y utilizan esas tretas para maquillarlo y consolarse a sí mismos. Sin embargo, la actitud de la esencialidad no es fatalista ni conlleva ningún Dios o destino. Dice: mira las cosas tal como son, comprende, y comprobarás que hay una puerta… Siempre hay una puerta…
En la esencialidad desaparece el yo y, con ello, el otro
En este mundo de Esencialidad no existe ni el yo ni nada que no sea yo”… La mente siempre divide: el otro y yo. Y en ese mismo instante el otro se convierte en enemigo. Algunos son más hostiles, otros menos, pero el otro siempre es enemigo… Llamas amigo a aquel que es menos hostil contigo y enemigo a aquel que lo es más, pero con el otro forzosamente tiene que haber competición, celos, lucha… También peleas y compites contra tus amigos, aunque de una manera “amistosa”. Sin embargo, una vez que te has fundido en la esencialidad, en el discernimiento de la naturaleza de las cosas, no existe nada que sea tú, ni nada que no seas tú; no hay ni yo ni nada que no sea yo.
Cuando el otro desaparece, el yo también desaparece, porque son dos polos de un mismo fenómeno. Aquí adentro está el ego y ahí afuera está el otro: dos polos de un mismo fenómeno. Si desaparece un polo, si el “tú” se disuelve, el “yo” desaparece con él… Y ojo, no puedes hacer desaparecer al otro, sólo puedes hacerte desaparecer a ti mismo. Si tú desapareces no hay ningún otro; cuando se abandona el yo, no hay tú. Es la única manera. Pero intentamos justo lo contrario: matar al “tú”. Mas al “tú” no se le puede matar, ni poseer, ni dominar. El “tú” siempre seguirá en rebelión porque está esforzándose en matarte a ti. Ambos lucháis por el mismo ego; él por el suyo y tú por el tuyo. ¿Cómo vas a destruir al otro? El otro es inmenso… es todo el Universo. Céntrate en una dimensión diferente: abandona el yo.
Sin embargo, lo que haces es ayudarlo a permanecer. Por ejemplo, aferrándote a tus quejas, rencores, enfermedades… La gente se apega a todo lo que molesta. Se quejan, dicen que les gustaría curarse, pero en el fondo no es así porque si se curarán ellos no estarán ahí, el yo desaparece… Fíjate como la gente se aferra a sus heridas. Hablan acerca de sus enfermedades y defectos más que de ninguna otra cosa. Escúchalos y te darás cuenta de que lo están disfrutando… Su enfermedad, su ira, su odio, sus problemas, su egoísmo, su ambición… Es una locura: están pidiendo deshacerse de esas cosas, pero, observa sus caras, lo están disfrutando. Y si realmente desaparecieran, ¿con qué disfrutarían? Estarían tan ociosos que se suicidarían.
Indaga en tu interior y te darás cuenta de que todas tus desgracias existen porque tú las apoyas. Sin tu apoyo nada puede existir. Existen porque tú les das energía. ¿Quién te obliga a ello? Hasta para estar triste se necesita energía. Es por eso que después de la tristeza te sientes tan agotado… Durante tu depresión no estabas haciendo nada, estabas simplemente triste y tendrías que haber salido de ella pletórico de energía. Pero no, porque todas las emociones negativas necesitan energía y te agotan.
Si eres feliz, de repente, toda la existencia es feliz contigo y el mundo entero fluye hacia ti con energía y ríe contigo. Pero cuando estás alimentando tu tristeza y apatía, se abre un espacio entre tú y la vida. Entonces todo lo que hagas tendrá que depender de tu energía y la desperdiciarás, la agotarás… Pero lo haces porque cuando estás ofuscado y negativo sientes más ego… Cuando estás triste, enfadado, egoísta, disfrutando y jugando con tus heridas, intentando ser un mártir, entonces generas un espacio entre tú y la existencia. Te quedas solo y ahí te sientes yo. Y cuando te sientes yo, toda la existencia se vuelve hostil contigo. En cambio, cuando estás contento, feliz, extasiado, no hay yo, el otro desaparece; estás en contacto con la existencia, no separado.
Cuando aceptas la naturaleza de las cosas y te disuelves en ella, vas con ella. No das ningún paso propio, no tienes ninguna danza propia, ni siquiera una cancioncilla; la canción de la totalidad es tu canción, la danza del todo es tu danza,  tú ya no estás aparte. Simplemente sientes: “El todo es. Yo sólo soy una ola, que viene y se va, que llega y se marcha, siendo y no-siendo. Yo voy y vengo, el todo permanece. Yo existo a través del todo, el todo existe a través de mí”… Algunas veces toma forma y otras no. Algunas veces surge en el cuerpo y otras desaparece del cuerpo. Tiene que ser así, porque la vida tiene un ritmo. Algunas veces tienes que estar activo y en movimiento -una ola- y otras te vas a las profundidades y descansas, inmóvil.
La muerte es un cambio de ritmo moviéndose hacia lo otro. Pronto nacerás más vivo. La muerte es una necesidad: el polvo que se ha acumulado a tu alrededor tiene que lavarse; es la única manera de rejuvenecer. ¿Por qué crear un conflicto? Tú no mueres, sólo caen las hojas viejas para hacer espacio a las nuevas. Mueres aquí, naces allí: de la forma a la sin-forma, de la sin-forma a la forma; del cuerpo al no-cuerpo, del no-cuerpo al cuerpo; movimiento, quietud; quietud, movimiento… Este es el ritmo. Si te fijas en el ritmo no te preocupará nada: confía… Entonces tú no estás ahí, ni tampoco hay ningún otro. Los dos han desaparecido, ambos se han convertido en el ritmo del uno. Ese uno existe, ese uno es la realidad, la verdad.
“No dos”
Para entrar directamente en armonía con esta realidad, cuando las dudas surjan simplemente di: No dos”… Cuando surja la duda, cuando te sientas dividido, cuando veas que está apareciendo una dualidad, di para tu interior: “No dos”. Y hazlo con plena consciencia, inteligencia y comprensión… Siempre que sientas que el amor está surgiendo di “no dos”, de otra forma el odio estará esperando; y cuando veas que el odio está surgiendo di: “No dos”. Siempre que sientas un apego hacia la vida di “no dos”; y también cuando sientas miedo a la muerte… Si alguien te ha insultado y te ofendes di “no dos”, porque el que insulta y el que se ofende son uno. Ese hombre no te ha hecho nada a ti, se lo ha hecho a sí mismo… El asesino y el asesinado son uno, ¿por qué preocuparse?; ¿por qué adoptar puntos de vista?; ¿por qué no fundirse en el otro? Porque el otro también soy yo; y el otro y yo también son Eso. Sólo existe el uno.
Siempre que se te plantee una confusión, dudas, una división, un conflicto, siempre que vayas a escoger algo, recuerda: “No dos”. Tienes que hacerlo con comprensión, con consciencia. Si lo haces mecánicamente significa que en otro nivel permaneces en el yo, en el ego, luchando, violento, agresivo. Y las agresiones no están solamente en la guerra… La agresión es muy sutil, está en tus gestos. Fíjate: si estás dividido en yo y tú, tu mirada es violenta. Y cuando gritas, siempre que te enfadas, el motivo suele ser algo insignificante. Vas acumulando agresividad y de ahí, de pronto, desde esa ira acumulada, sale la agresión por algo sin demasiada importancia.
Di: “No dos” y entonces no hay nada que elegir, nada que te guste o te desagrade, puedes bendecir todo… Vas donde la vida te lleva; confías en la vida. Y la confianza no es una postura intelectual. Es una respuesta total al sentimiento de que sólo existe el uno, no dos… Repite silenciosamente: “No dos” y observa lo que ocurre. El conflicto desaparece. Aunque sólo desaparezca por un momento, será un gran fenómeno. Estás cómodo, de pronto no hay enemigo en el mundo, de repente todo es uno.
 “En este “no dos” nada está separado, nada está excluido. No importa cuándo ni dónde, iluminación significa entrar en esta verdad”… Iluminación significa entrar en esta verdad de “no dos”… Siempre que te sientas dividido, que estás a punto de elegir, que te gusta una cosa en contra de otra, que empieza a aparecer y acumularse la tensión… di “no dos”. La tensión se relajará y la energía será reabsorbida, transformándose en bienaventuranza.
Sexualidad: la energía acumulada y el tercer ojo
La vida te va llenado de energía. Y siempre que la energía acumulada es demasiada, el tercer ojo lo siente y empezarás a percibir que hay que hacer algo. A este tercer ojo los hindúes le han llamado el ajna chakra, el centro de mando, donde se dan las órdenes, la oficina desde donde el cuerpo recibe las órdenes… La Naturaleza ha construido un proceso: en cuanto acumulas demasiada energía, el tercer ojo presiona el centro del sexo, ambos se unen y empiezas a sentirte sexual. Se trata de un dispositivo automático creado por la Naturaleza en el cuerpo. Y a partir de ahí, existen dos caminos en la gestión de esa energía interior acumulada: descenderla o ascenderla.
Descenderla significa desahogarte. Así es como para la mayoría de la gente funciona el sexo: una medida de seguridad, porque se puede acumular tanta energía que puedes estallar. El sentimiento de sexualidad no es más que un dispositivo para evidenciar la acumulación de energía. Y una de las maneras de usar tu energía es sintiendo placer a través del desahogo.
La otra forma es decir: “No dos”. Yo soy uno con el Universo. ¿Dónde desahogarla?; ¿con quién hacer el amor?; ¿dónde echarla? No hay ningún lugar distinto a mí, yo soy uno con el Universo. Entonces, al no hacerla descender del tercer ojo, al no desahogarte, empieza a ascender. Y llega así al último chakra, el séptimo centro, situado en la cabeza por encima del tercer ojo y al que los hindúes llaman sahasrara: el loto de los mil pétalos.
Estos son los dos caminos posibles para usar tu energía interior acumulada. Cuando la haces descender, hay placer. Cuando no te desahogas y permites que ascienda desde la compresión consciente del “no dos”, la energía alcanza el sahasrara y hay bienaventuranza. Y ten en cuenta que el placer y el sentimiento de bienestar que el descender la energía provoca sólo puede ser momentáneos, pues el desahogo es pasajero y genera una sensación efímera. Sin embargo, la bienaventuranza puede ser eterna, porque la energía no se descarga sino que se reabsorbe. El centro de la descarga es el sexo, el primer centro o chakra; y el centro de la reabsorción es el séptimo, el último. Ambos son los extremos de un mismo fenómeno energético. Desde un extremo, al desahogarte, la energía se descarga; te sientes relajado porque ahora no hay energía para hacer nada y te duermes. Es por eso que el sexo ayuda a dormir. Y si te vas al otro extremo, en el que la energía se reabsorbe, el loto de los mil pétalos se abre y sigue abriéndose y abriéndose. No tiene fin, porque la energía vuelve hacia el interior, es reabsorbida.
Puedes llegar desde el sexo a la superconsciencia. Este loto de mil pétalos es el centro de la superconsciencia. Así que cuando vuelvas a sentirte sexual di “no dos” con comprensión, consciente, en alerta. Y de pronto sentirás que algo está pasando en la cabeza: la energía que solía caer hacia abajo se está moviendo hacia arriba. Y una vez que alcance el séptimo centro, será reabsorbida. Entonces te vas convirtiendo en más y más en energía; y la energía es deleite, éxtasis. Ya no hay necesidad de descargarla porque ahora eres el ser infinito... Puedes absorber el infinito, el todo, y aún quedará espacio… Este cuerpo es estrecho; tu consciencia, inmensa. Este cuerpo es una taza pequeña; un poco más de energía y se desborda. Tu práctica sexual es el desbordamiento de la taza, del cuerpo estrecho. Pero cuando el sahasrara se abre, un loto de mil pétalos se abre en tu cabeza; y va abriéndose y abriéndose sin fin. Aunque el todo se derrame sobre ti, todavía quedará un espacio infinito.
Se dice que un buda es más grande que el Universo. No su cuerpo físico, por supuesto, pero el Buda sí lo es porque el loto se ha abierto. Ahora este Universo no es nada; millones de Universos pueden caer en él y ser reabsorbidos. Puede seguir creciendo. Es perfecto y todavía sigue creciendo. Esta es la paradoja; porque nosotros pensamos que una perfección no puede crecer. La perfección también crece; crece hacia ser más perfecta y más perfecta. Sigue creciendo porque es infinita… Este es el vacío del que habla Buda: shunyata. Cuando tú estás vacío, todo el Universo puede caber en tu interior y todavía queda un espacio infinito, más Universos pueden caber en ti.
Tú eres el todo
Y esta verdad está más allá del aumento o la disminución en el tiempo o el espacio”... Para esta verdad el tiempo y el espacio no existen. Ha ido más allá, nada la limita. Es más grande que el espacio y el tiempo… “En ella, un solo pensamiento dura diez mil años”; y un simple movimiento, eternidad… Puedes ver el cuerpo tuyo o de alguien, pero el cuerpo no es tú ni él: somos la consciencia que no podemos ver. El cuerpo nace y muere; la consciencia no ha nacido nunca y nunca morirá. Esta consciencia iluminada es la mismísima raíz de toda la existencia; y también su florecimiento. No se puede decir dónde se halla esta consciencia porque ¡está en todas partes! Mejor aún: “todas partes” están en ella.
Ambos, el tiempo y el espacio existen en la consciencia y esta consciencia no existe en el tiempo y el espacio. No podemos decir en qué momento del tiempo existe esta consciencia iluminada. Sólo podemos decir que todo el tiempo existe en esta consciencia. Esta consciencia es más grande; y tiene que ser así. ¿Por qué?... Puedes observar el tiempo y decir: “Es por la mañana, o es mediodía o ahora es por la tarde. Ha pasado un minuto, un año o una era”. Este observador, esta consciencia, tiene que ser más grande que el tiempo, sino ¿cómo podría observarlo? El observador tiene que ser más grande que lo observado. Tú puedes ver el espacio, puedes ver el tiempo; por lo tanto, ese que ve dentro de ti debe ser más grande que ambos.
Una vez que ocurre la iluminación, todo está en ti. Todo empieza a moverse en ti… Los mundos surgen de ti y se disuelven en ti porque tú eres el todo.

Fuente: Extracto del capítulo 9 de “El Libro de la Nada ”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.